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    SER UN POETA... UNO MEXICANO.-

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    Hoz Leudnadez

    Masculino Mensajes : 361
    Fecha de inscripción : 13/07/2011
    Localización : El Mictlan México más exacto en sus pulcatas, guarras y en el venéreo amor... y en sus otros juegos de azar. Porque yo fumo, escribo, bebo, amo y hago otras cosas peores
    Humor : a pez

    SER UN POETA... UNO MEXICANO.-

    Mensaje por Hoz Leudnadez el Jue Sep 15, 2011 12:13 pm

    [center] Ser, sólo ser, serlo, saberse.
    Enterarse, darse al tanto, entenderse y ser,
    y seguir siendo sin importar si esa es la cuestión de un inglés maricón
    “ser o no ser… chingao con la cuestión”

    Ser un escriba no se trata de un mal entorno trigarante, renegando del oro del maíz
    ni hacerse conocer con el fulgor de la nueva piel mestiza,
    o el lujo de una visa poseer ni que el green de una card sea lo que nos haga feliz
    sin penar que sólo seríamos juglares sin voz en la nueva España que agoniza.

    Es serlo o no.
    Es entonarlo o no.
    Es danzarlo en las ciudades en ruinas donde nace el sol y la luna
    cuando los atardeceres se dilatan entre los bloques.

    Dormitarlo entre las costas del golfo con sus dunas de sepias páginas
    hasta llover húmedo entre las nubes de las sierras sobre sus altos y finos bosques.

    Serlo, es estar inscrito en las chinampas adornadas de flores
    es rebozar en el rostro de una Tehuana de ojos eternos.
    Conseguirnos visualizar entre todos los flancos de la tierra y hasta sus bordes
    de lado a lado, de la siembra, sobre el letargo del bostezo con herbal aroma que uno suspira con deseo.

    Es ser…ser… Tlacuilits cohox-camec… ser…

    Es gritarte ya, ser libre, sin el bigote de macho que nos enclaustra y nos deja de la sabiduría distantes
    es de escupir el arquetipo estúpido de Pedro Infante que no tiene nada de hombre porque orinaba sentado.
    Es que somos destellos, hermanos sin sexo, amantes de mujeres que lucharon sin agravio;
    de Leona Vicario, de la Corregidora, de la fuerza de Enedina López en el fuerte al frente y en pie de guerra
    y a todos los que somos hijos de la Carambada, de la doña Serdán, revolución hasta en las enaguas,
    de los acupes del norte de Morelos; batallón de rebozos, sónica armada de Marías con escuadra y sentimientos bellos.

    No está si quiera para ponerse a pensar, dudar, porque es igual decir; pambazo que torta ahogada o guajolote.

    Desplante de sonoras campanas del indio que escucha la poesía del ajolote que yace sin pena
    postrado sobre los campos llenos, donde las manos moldean a un hombre con fuerza que nunca se desplomó
    me veo en él, y entre el son tan alto del moncayo, del inefable zapateo del huapango
    que jamás es de soslayo.

    ¡Es que yo soy, yo me veo, yo me deslizo, es que yo soy, sí soy!

    Me veo en el danzón de las plazas con los atardeceres que duelen
    en los ayeres del tíbiri tábara tum de Tin-Tán, me veo ahí, con la vestimenta de pachuco
    con los zapatos blanco y negro todo un yin-yang.

    Me veo, me reflejo en el primer lucero, santo mercurio, mejor, la estela sacra de Kukulkán
    fiel amuleto de la reencarnación de todo el poeta que se diga hijo del Mictlan, nacido en Camaxtli,
    entre los brazos de los Ajawab que me criaron el sendero turbio del Mitnal, hacia el Xibalba.
    Con la abuela Xmucané, y el primer hombre de maíz en el corazón del viento Jurakán,
    donde mis gritos se forman de tres cielos, donde los poemas que clamo son tres destellos,
    del Raxa, del Chipi y el Xo Caculjá.

    Soy el arribo de los magnetos cósmicos que divagan entre las escamas de Mixcoatl
    el coro divino en una mañana de cacao del Quetzal que sueña.
    El aroma de la pradera de tu vientre mujer, a comino y epazote en vapor que el alma roba
    sobre la fertilidad donde se adentran mis semillas en tus planicies,
    azabache indomable mi bella huasteca de piel sureña.

    Ser uno, un poeta de estos te hace recorrer la ruta a cuestas de la serpiente emplumada en el campo santo,
    ciudad de los dioses, y caer en picado sin poses ni miedo pero con valentía en la quebrada.

    Sonar la mouser al aire por las chuladas del quiosco, de las Adelitas con rebozo de casque
    y el cáñamo con el que desfilan, el rico curado de piñón vertido en el jarro de barro,
    que se bebe más sabroso en la faldas de la esquina, de las cantinas,
    de las mejores que están tan sólo en ella, en la esquina.

    Soy el Zafio Huiché que le mamó las grandes proas de pezones rosados a la Niña
    el que le dio sin parar a la popa –o pompas- de la Santa María
    y el que terminó sobre las duelas de la Pinta y le dejó sus maderas corroídas.
    El que le dijo a Colón -pícatelo tú, que lo tienes tan grande ¡qué puto mundo cuadrado
    ni que las Indias con sus yangs menguantes!- eso es serlo… ser.

    Soy el gruñir indígena de armas tomar
    es de y en contra de las once ramas que desarrolló el barroco
    no son más que once rameras, cruel del viejo continente insignia
    sobre el burdel y la cagada mentira del párroco.

    Con el zarape en las laderas de la selva
    en el observatorio de Xcaret, de las ciénagas en cuatro con su eterna naturaleza
    o la frescura de un mural de Siqueiros, lleno de colores, dotado de poder.

    Eso, eso es ser, es serlo, eso es ser un poeta, uno mexicano.

    Es el trigo y su llanto sobre los pies desnudos de un Yaki en lo alto de sus valles, en las aceras de hierba
    es ser el ruletero de parla amena con auge de tour turístico.
    Es la riata del charro con el paso de la muerte que acecha
    o el peyote en el desierto del real catorceavo tan místico.

    Es ser el espíritu que se alberga en las porciones del recuerdo en un altar de muertos
    es el papel picado con la catrina, el pan, la flor de veinte pétalos Cempoalxochitl
    el cobijo del dios Sol sobre el templo de los guerreros, la mirada solar del resurgir de Chac-Mol,
    el embrujo de las plantas o lo enérgico de la quimeras, del hierbero de Catemaco con su siempre conjuro útil.

    Tenerte en la mira como insurgente te convierte
    gritar por la tierra y la libertad, te hará
    morir de ella y no de amor, es el motivo
    y tener como credo el cielito lindo… el edicto.

    Eso es ser un poeta Mexica… tlacuilits ixco huitziczilicztla.

    Es vernos entre las alas del Cenzontle, entre la textura del maíz quebrado
    beber el viento en la cúspide sobre Toluca y su nevado
    las estrellas fijas que mira la cabeza olmeca con ojos desorbitados.

    Sentirte el jinete que cabalga y que vaga solito en el mundo buscando la muerte
    lo vital del jarrón lleno de tequila del viejo José Alfredo.
    El relinchar de un caballo domec en el lienzo charro con aplausos fuertes
    gritar; ¡qué rico el mambo! de Don Dámaso Pérez Prado y con los pies causar revuelo.

    Serlo es susurrarle Niztimazotla a la Xuitla maya con piel de atardecer
    el color del agave en los ojos de los niños rancheros que corren entre los matorrales.
    Los ladridos del Xoloscuincle guiándonos sobre el inframundo para no sólo perecer
    con el rico sabor del mole, y la puta poesía de un Híbrido poeta de los arrabales.

    Soy, soy yo el llanto del bolero, las lágrimas de la paracho de Chamín Correa
    lo gélido de las momias sobre las luces tiernas del Cervantino sin final.
    El sheriff recio que ronda las cañadas guiado por su corcel hábil cuando arrea
    por eso soy poeta, soy un tlacuilo, soy además un Híbrido con zarape y sombrero revolucionario sentado
    y borracho, ebrio o pedo bajo un nopal, que resguarda la aridez de mis montes.

    ¿Entonces, sí lo soy? ¿Sí lo seré?

    Lo seré cuando me refleje en las malvas de la lacandona
    entre las lluvias del gran Tlaloc que bajan de los cerros adornando las cruces de sus puntas.
    En el huerto con verduras nacidas con la fe que a mi pueblo no abandona
    los demonios entre las cuevas que azotan las paredes del tiempo entre las grutas.

    Me veré sobre el vestigio de mis raíces Maya y Huichol que me heredó mi madre, y a ella mí abuelo
    volveré en el quinto sol cual jaguar que mengua sobre el calendario azteca puesto como escudo.
    Saldré entre las tabernas con la valentía de Gabino Barrera con el coraje y de mi cabañuela dueño
    con las espuelas plateadas de este tesoro milenario que aún Santana
    -nuestro mejor vendedor- acabarse no pudo.

    Soy el bronco Ocelotl de las selvas llenas de susurros
    el chipote chillón del chapulín colorado, rojón,
    soy el machín huerco que no se raja a trompetearse con burros
    porque que amarillo no me pongo, amarillo es mi color.

    Estoy efímero en las cartas de azar de la lotería
    qué sería de mí sin un buen goce con los frutos del mezquite, dulce garambullo
    me encarno en la hélices del rehilete que da giros de alegría
    estoy expuesto sobre el penacho de Moctezuma, pues soy las plumas del águila que resopla el murmullo;
    de las eras, de los códices, del folclor que nos florece, el respeto por los próceres que lucharon por la nación.

    Hasta que me refleje en el lago de Tenochtitlán
    en el letargo donde las rimas jamás dejarán de latir
    como las fumarolas que con Don Goyo el Popocatépetl me pongo a fumar
    y ya entrada la noche a la mujer dormida la hago gemir.
    Pues ella; deja que salga la luna… deja que se meta el Sol
    ella deja que caiga la noche… para que empiecen mis versos.

    Serlo representa más que gritar gol… serlo… en verdad serlo.

    Es más que la gloria o la decapitación de los guerreros que jugaron Pok Ta Pok
    mortal juego de pelota que ofrenda el misticismo de un dios.

    Entre el aguardiente me veré citado
    correré entre los laureles de la parcela de los Ñañus en la puerta del cielo.
    Serlo me convertirá en la bestia Tzucam de los cenotes que recia en turbios manantiales precipitado
    cuando el jarocho de la comarca pesque un lucero y no peces sin atareo.

    Porque saldrá con gusto por las estrellas del firmamento
    tan grandes y brillantes luces
    es el poema eterno y venidero, el de la azucena bella del que todos tenemos conocimiento
    es el son del amor, de la noche que embriaga con sus versos dulces, malagueña salerosa.

    Seré el canto de un arpa
    el crujir de la yunta
    el cascabeleo cuando el campesino sale a cegar la huerta en las madrugadas
    los cactus luminosos en los senderos que se trasladan en arco iris eternos en la zona del silencio;
    donde no se escucha nada
    donde no se puede ser frío
    cuando se desea decir todo
    con el café de olla como cobijo.

    Poeta, ser un poeta… debe de ser bellísimo, pero uno mexicano… debe de ser fatal.

    Claro que la poesía se entonará cuando los abuelos lancen el trompo
    y resople sobre las paredes de adobe en las aldeas de los Rarámures.
    El aposento sagrado de los Xamues entre las hojas de acero del maguey.
    Seré cuando el indio muere y el tecolote canta los rumores
    al alba de los girasoles póstumos sobre la península llena de bombas yucatecas de mujeres bellas
    diciéndomelas al oído porque yo sigo siendo el rey.

    Porque soy la rima de los ronquidos de un vagabundo borrachín en el zócalo
    tirado a medio día, con completa muerte de sol a sol, sin zarape ni sombrero
    y con las botas sucias del vaquero que cambió las montana de yute por industriales pues es ahora jornalero.

    Que me vea, hasta que me vea colmado en el ensordecedor graznido de las matracas que engolan el rodeo,
    entre el aguacate, y mis huevos, y mis ovarios y mi chilanguez tan ñera.

    Soy la treta lirica del marchante en el mercado de la merced que negocia los tamales
    hechos con carne de maridos infieles -si es que es la misma tamalera asesina- dándole paso al regateo,
    el pan de pulque tan rico y madrugal en las orillas de las cascadas del ojo zarco
    que en las sierras pestañea con olor a carne seca u olor a cecina.

    Soy la poesía que le chorrea a la puta del río, de Sullivan o de la zona rosa
    soy un verso maldito de la gran poetiza de Tacubaya -que ahí se dan las mejores-
    soy el sonido del grito Hidalguense llamando a las armas con palabra prodigiosa
    el panteón en un día de muertos lleno de flores.

    Estoy en la sátira de ver a la muerte como una ladina y cariñosa amante
    de gritarle floja, muerte gorda, muerte vanidosa, muerte coqueta, muerte coja, muerte loca,
    muerte puta, muerte fofa, catrina docente del diezmo carnal… de mi hombría te cuelgas osada
    catrina en la pasarela de verano a colerizada… catrina, vieja golfa amante de Guadalupe Posadas

    Soy el agrio tomate, el tronar los suelos con la danza de los viejitos.
    El volador de Papantla nada cobarde y el torito incendiado de cuetes en los pueblitos.

    Soy el sombrerudo que jamás falta en las calles, soy la clásica mordida a los policías.
    El caballito de tequila con limón y en los hombros las sales
    o el credo en las cantinas “la última y nos vamos… salucita”

    Poesía, poesía india, eso soy, eso es ser poeta.

    Ser Frida y sus peinados y sus piernas y la poliomielitis
    lo grande de Rivera con sus infieles y certeros trazos al lienzo.

    Soy la máscara del Santo, y el pantalón bajo de Cantinflas; “ándale chato… es la vestimenta y no mi artritis”
    el granicero cortando en dos a la serpiente de agua que yace en el cielo,
    y nos cae como rocío, sus escamas nos están lloviendo.

    Soy el difícil tino del balero en las plazas de cualquier centro
    lo ávido del periquillo aquel tan escurridizo Sarmiento.

    Poetiza: “Yo no soy marinero soy capitán -pero por ti mi poetiza de santa fé- por ti seré tu perro,
    por ti seré, por ti seré…bamba, bamba” poetiza que por ti será edicto.

    Soy un poeta, un hombre mitad bestia, un Híbrido, mitad algo mitad nada
    pero puede que como un alebrije se me tome en cuenta.

    La frescura y ricura de una picosa salsa
    la velocidad contagiosa de una jarana con fugaz alma.
    Soy el grupero bailando hasta morir, el norteño que cabalga el cerro de la silla
    la mirada hacia el cosmos de los Atlantes que ven eras ir y venir
    el perfume del alfarero Chichimeca amo y señor de la arcilla.

    Es ser más que treinta y tantas entidades
    la calada de marihuana en el palpitar de María Sabina.
    Las almas de los Tijuy robadas por los tecomates
    el valiente de la feria de San Marcos con la pólvora a tope de la carabina, y su gallo copetón.

    Navegaré por las alas del ave que amó Netzahualcóyotl
    la belleza que se le heredó a Sor Juana
    un ánima del ejercito de Xólotl
    y el ¡ajuuuuua! que se grita cuando se tiene encima una caguama.

    Quiero ser, serlo, ser la miel al ocaso
    de la lluvia de monarcas mariposas labradas en el desplante,
    de un cielo rojo, cuando al mariachi sombras de duda y celos
    que sólo lo envuelven pensándote.

    Poeta tricolor.
    De tunas tuneros y tunantes.
    Soy el alumno más fiel del que no moría de amor
    del dios Don Jaime Sabines que a las putas canonizó
    el heredero de Francisco Cervantes con su verde-amarella y el fado carnavaleo que amó.
    Yo le entrego esta Paz siendo versero callejero con Octavas
    al nobel y sus laberintos.
    Y por el espíritu hablará mi raza, como dicta el celo fiero del maestro de las Américas
    marchando con sus Ulises criollos alardeando su romanticismo de hierro sobre estatuas nepotistas.
    Soy la ala crisálida de una Lina que sin lianas vuela con mis alas hacia el Xenón cosmos
    con su Zerón estela con la que la nombro estrella bella.
    Ser poeta es brillar en un llano sin llamas u oír ladrar a perros rufos o Rulfos Juanes
    que pregonen y canten, que pregunten y saluden y salud den con el café de maíz que estáis de amáis
    y a donde vais Monsiváis, sírvanle a Alí que juega al burrito castigao con Aridjis por su Perséfone
    ahí van tres, dos, uno, cero, por chapucero Chumacero que descansando estés.

    Es serlo, correr leguas como un Tameme
    con el mensaje de un azteca que lleva al Uxmal
    el llanto de un Híbrido por huir del Tlalocan al que tanto le teme,
    la Malinche y todos sus dotes, la voz, el sexo… todo oral.

    Seré poeta, hasta transformarme en el perfecto sentimiento que se suspira en la poesía certera
    de las manos de mi Ángeles y mí Joyce, de mí Espectro y de mi Cómplice
    de la única que vuela y de la magia elegante que del caldero la otra invocó.
    Lo seré hasta desnudarme en el erotismo de la pluma de Nydia.
    Hasta rimarme con las letras de Alma Andrea y Leticia y convertir el don, darle nombre.
    Hasta brindar con el Samaritano del Infierno la sangre, esa podrida del sentir infame.
    Hasta dispararle al aire con Jesús Eduardo López Ortega un fium! fium!
    como dos hermanos Almada de ley.
    Hasta encajarme de un solo tiro la poética del Hades, y los gritos que cortan a las nubes de mi tía MaryPaz
    Hasta serlo, y hacerlo allá con ritmo Tex-Mex-Tale.
    Con los caídos letristas que se fueron y me dejaron ebrio y alborotao
    con la copa de muerte del crepuscular poeta Johel De la Croix con disputa, de aquella puta, puta poesía
    y del terso y fantástico Rodal, el fénix que ya voló.

    Serlo, seré hasta que mí Luisa, mí Lady Lu entienda que sí le escribo a ella,
    que no soy un hombrezuelo pluma fácil ya.

    Serlo siempre, desde el libido pávido návido
    serlo cuando las abuelas y el atole suspiran
    cuando a sus nietas les quito el vestivido, y les destruyo el pinavido
    serlo en el momento en que el semental se acerca y las yeguas relinchan.

    Entonarme en la marimba a tope en la Guelaguetza
    la delicia de unos frijoles charros de recién calentar
    ser la suerte de un gallo que jaló oro en Bernal frente a su peña
    el anhelo de Morelos y lo demás héroes que deseaba una espada,
    porque el héroe desea a la espada, y la espada necesita la verdad.

    Ser en los ojos de los niños del parque sobre el errante vendedor de globos
    la ingenuidad de una fayuca del tianguis de las tardes, o en la nocturna que talonea y también,
    no se deja sin globos, queda más de perseguir al errante, que nos venda otro.

    Soy la picardía en el albur de las pulquerías
    donde sirven frijoles en la primera ronda;

    -Saco
    -Lechuga
    -¿Se te magulla? te lo plancho
    -Tragas chile ancho
    -¡Sancho! panza soy
    -Termino, ahí te voy
    - Te doy vas tú en cuatro
    -Súmale otros cuatro son ocho, te lo pico y te lo mocho
    -Si lo mochas te lo tragas
    -Sin bragas dejo nalgas, digo de jornadas
    -No salgas yo te chiflo
    -Inflo con un litro de leche
    -Sacualpan le dijo a botas
    -¿Qué en nalgotras ocasiones no te he visto?
    -Mmm
    -Así dijo la muda cuando ya estaba en sartén

    Con el albedrío del caló en rienda;

    -Qué milanesas pues ya no nos habíamos bistekses, yo pensaba que morongas pero ya veo que viboritas.
    -Cincho pitiau, aquí en el talón chiflándole gacho pa´chacarle a la chuleta chingau.
    -Te chuteo bien Felipe y con tenis chulada de seguro mandiles rebocito de Adelita.
    -Nariz de chile relleno que el buche chicharrón se te haga, carcacha… y que se te retacha… vale chido.

    Verse desde la fiesta que dota el rebelde del acordeón, cicatrizado en los pies de Cuauhtémoc
    en la chilenita de Hugol y el remate de Negrete en el 86 y su perfecta anotación
    porque soy un poeta sin don, que no lo aprendió en el Calmecac Chol.

    Poeta, uno de cumbias en la pecera llena con el puño roji-negro por las luces bélicas
    que parten las nubes todos los dos de octubre.

    En la banqueta del norteño cholo con los ígneos grafittis con la verbena
    el populacho y el canto del gallo antes de que el sol alumbre.

    Ser el ritmo de las parejas adolescentes en el metro, en centro médico lleno de humedad,
    tener la energía fúnebre de aquellos tacos de muerte lenta que venden en sus afueras
    y regresar a los brazos de las madres que luchan sin descanso, sin saciedad
    las que trabajan la tierra, dulces tulipanes de pradera, que siempre con amor nos alivian el malestar
    –de esos tacos.

    En los ademanes de las clásicas ficheras
    citadas en textos profanos que se dicen Goliardos-de este mismo autor Zafio-
    de la corcholata, esa mujer borracha apodada porque si no es que siempre pegada a la botella,
    tirada está y peda.

    En la ciudad finada del viejo sanjuán enmudecida por la lava del Parikutín
    que sólo la cópula de la iglesia mayor dejó.

    En los costeños
    en los maizales,
    entre los sauces norteños y llorones,
    en los litorales neutros.

    En el litro de pulque,
    el kilo de tortillas
    los malabares del faquir del entronque
    sobre el semáforo y la acera,
    donde una moneda es su vida.

    En los puentes con sus historias
    en las capillas de los ejidales
    sobre las carnes de mujeres de fronteras
    con la puntería erecta de Villa
    y la fiereza de Chabela Vargas
    duro como un Pípila que se encarna en alhóndigas para amarles.

    Mi paso descalzo es el zapato sincero que Zapata inculcó a mis abuelos
    y que ahora yo mantengo a raya con o sin huarache
    frente a cualquier muralla que me planten al norte
    y si me la ponen alta, no falta que la taladre o la salte
    ¡pinche güero!

    Amigo mojado
    quédate mejor aquí
    ¿no sabes que es mejor ser un yonki, que un yanqui?

    Si fui poeta, uno abrazado de postes, esperando a las que nunca llegan
    mirando esas calles donde viven aún las que me han abandonado
    hasta atrás, en todas las mesas del rincón, y siempre jurando que en el último trago me voy
    fui aquel que cantándose por dentro que solo era un ausente lleno de penas
    sonrojado del Monteclaro, si es que me hubiera llamado Lorenzo ese agosto en que nací.

    Ser el último trago de mezcal
    el gusano en su fondo
    el chile en nogada servido en lo alto del Aztlán
    y del maestro de la cuchara grande, el albañil y su morbo.

    Hoy no seré el Nahual que se lleve a los ganados
    seré el lucero Icok´ij que seducirá a las morenitas de vestido largo
    seré el tricolor vistoso de los sabores postrados en los colores del granado
    que sesean el viento gritando, que si lo soy, el título, que si lo he logrado.

    Sé que vengo de nada porque yo inventé el cero
    sé de donde partir y a donde ir yo quiero.

    Porque tengo la sangre de un Maya-Huichol
    soy un Yáñez de última generación
    poseo la puntería de Villa y la sangre de una nación
    así que para el sexo terseo, fiero que vuele, mate ceguera o guerra, letal… letal soy…

    Porque Soy el brillo en el monte Ah Puch de Ixchel
    los astros que nos dejó en el universo Itzaminá
    el rito de Huitzilopochtli en tiempos de guerra sin cuartel
    el amor de nuestros señores Tonacatecuhtli y Tonacacihuatl.

    De Balam Quitzé, Balam Ak’ab
    Majucutaj e Iquí Balám

    Eso es ser poeta, es ser tierra
    con todo y la mala treta de mi maldición
    la cabañuela del Joj y Pom, del cuervo y el Copán

    Del Ixim –maíz
    del Jaguar –Balám
    del Ik-el viento
    y con toda la sangre del ejercito civil –Ixquic.

    Eso es ser poeta
    eso es ser México
    eso es ser letra celestial
    eso es ser… un poeta, un tlacuilo uno bélico,
    un escriba del Mictlán

    Salud por:
    Hoz Léudnadez Hunahau Mictlancuhtli Daimnuz Ziedeat.
    -que fue borracho, parrandero… pero jamás escritor…

    Jesús Alexandro
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso

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    Re: SER UN POETA... UNO MEXICANO.-

    Mensaje por Jesús Alexandro el Vie Sep 16, 2011 7:10 pm

    Sin posibilidad a fallar digo que éste es tu mejor trabajo

    ¡¡EXCELENTE!!

    El tema, las imágenes, las metáforas, el fondo, todo

    kin
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    Ser un poeta... uno Mexicano.

    Mensaje por kin el Vie Sep 16, 2011 10:21 pm

    Creo que Jesus Alexandro ya lo ha dicho todo,solo me resta decirte: ¡felicidades amigo!!!

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    Re: SER UN POETA... UNO MEXICANO.-

    Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 3:16 am


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