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    Una Ardilla

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    Myriam Angelica
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso

    Femenino Mensajes : 97
    Fecha de inscripción : 10/12/2009
    Localización : Algarrobo, Chile
    Humor : negro

    Una Ardilla

    Mensaje por Myriam Angelica el Jue Dic 10, 2009 10:00 pm

    Estaba soñando,
    era ese sueño del insomnio,
    el que empieza
    cuando el sol aparece
    detrás de las montañas,
    anunciando la alborada.

    Fue un sueño pesado primero,
    luego, al acercarse el mediodía,
    se tornó liviano,
    poblado de sueños.

    Soñaba que escribía
    un poema acerca de esa navidad
    tan memorable en mi niñez.

    Estábamos en Temuco,
    capital de la Araucanía.

    Ese año vino mi tío Enrique
    con su recién desposada mujer.

    El árbol de pascua,
    era un portento enorme,
    un pino traído del Ñielol
    El mismo Ñielol del tratado de paz
    entre el pueblo araucano y el gobierno chileno.

    En el pino colgaban
    frutas, chocolates y caramelos
    entre Ángeles dorados,
    el plateado lucero de la Anunciación
    entre guirnaldas multicolores
    entre copos de nieve de algodón.

    Más todos los adornos
    que en meses de invierno hicimos
    alrededor de una mesa
    custodiados por la abuela.

    Un enorme barril desbordaba
    de panes de pascua hechos en casa.
    También un canasto desbordaba
    de galletas y dulces varios.

    Sobre una mesa estaban
    el cola de mono,
    el clery de chirimoya,
    el vino tinto con frutillas
    en paciente espera
    del principio de la fiesta.

    El pavo se asaba en el horno
    para ser luego acompañado
    de ensaladas varias
    y papas doradas.

    También estaba el consomé de pollo
    que con guapo huevo y cilantro
    que en tazas se serviría.

    La entrada jamón seria
    con media palta rellena
    adornada con mayonesa
    una negra aceituna orgullosa
    encima se sentaría.

    Ensalada de apio
    en risueños rizos que
    alrededor jugarían.

    El postre hizo mi tía Nelly.
    El mismo postre
    que cada navidad u ocasión importante
    a mis hijos les he hecho
    para mi propio deleite y
    el deleite de mi hermano Carlos.

    Una capa de galletas de champaña
    rociadas de mucho ron
    una capa de bananas y piña en lata
    otra de crema amarilla
    la que se llama crema inglesa.

    Así seguirían las capas hasta la fuente llenar.

    Después se batirían
    claras de huevo y azúcar flor
    hasta que duras nubes quedaran
    para coronar el pastel.

    Al horno este se iba
    hasta dorado quedar
    en el refrigerador reposaría
    hasta la hora señalada en que
    postre y café se anunciarán.

    Terminada la preparación
    de tan rico postre
    los primos y yo nos peleábamos
    por los restos de esa crema amarilla
    que tanto nos deleitaba.

    Mi papá, que era dibujante en el Diario Austral,
    hizo un gran cometa con flameante cola,
    un lucero de la mañana y los magos
    que en camino al pesebre se acercaban.
    Este todo anunciando la llegada del Señor.

    El tío Alberto de viejo pascuero se vistió.
    Papa Noel se sentó a cenar con nosotros,
    vaya maravilla la que hubo
    en la mesa de los niños.

    Villancicos se escuchaban
    como fondo a la conversación
    mientras esperando se estaba
    la llegada de la hora.

    A las doce de la noche
    el viejo pascuero
    la gran bolsa tomaba,
    de ella salían paquetes coloridos
    con cintas y papeles
    que les vestían de fiesta.

    Finalmente me llamó,
    no era un paquete grande,
    para mi gran desilusión.

    Entre paréntesis les cuento,
    eran los tiempos de Gath & Chávez
    el gran emporio importador
    que a la sociedad chilena escandalizó
    exhibiendo el Cristo en tan mala posición
    que Dalí pintó. Lo digo porque lo recuerdo.
    Allí mi paquete se originó

    Esperar hasta la mañana
    para abrir nuestros paquetes,
    a dormir nos enviaron,
    sin admitir discusión.

    Esperar hasta la mañana,
    que larga espera,
    aliviada por el sueño reparador
    que pasada la medianoche
    allí mismo nos cogió.

    Veinticinco en la mañana,
    apresurados el desayuno tomamos.
    Encima del mesón de la cocina
    yacían copas y vasos,
    restos de cola de mono,
    el Bailey de aquellos tiempos.
    Versión criolla
    hecha con aguardiente de uvas
    café, leche y azúcar,
    que explica a conciencia mí
    gran debilidad por la crema
    de whisky irlandesa que lucho
    por no comprar.

    Silenciosa, entre la algarabía
    de los regalos que se abrían,
    me deslicé por la gran escala
    para, en la puerta de la casa,
    sentada en el alfeizar,
    mi pequeño paquete abrir.

    Sintiendo que fui buena niña
    que en la escuela se esforzó
    no entendía lo pequeño de mi regalo.

    El pequeño paquete abrí
    OH, sorpresa!
    una pequeña ardilla de marrón color
    con gran cola suave y fina,
    en su bajo vientre tenia
    una pequeña llave.

    Le di vueltas y vueltas hasta
    que ya no se volvió.
    En el piso la puse.
    Extasiada contemplé
    como la ardilla, paso a paso
    saltito a saltito, se movió.

    Era una ardilla como
    esas que en la rubia Albión
    bajaban de los árboles
    para cruzar afanadas
    a dejar el fruto
    que luego las alimentaba.

    Siempre las contemplé
    recordando
    la ardilla de mi niñez.

    Absorta ante tanta maravilla
    no reparé en quien conmigo
    compartía esa alegría.

    Súbitamente,
    palabras en idioma extraño
    escuché, levanté la mirada.
    Era una mujer araucana
    vestida en plena regalia mapuche,
    también ella celebraba.

    Deleitada ella me hablaba.
    su idioma no entendí.
    Más era claro,
    ambas embelesadas estábamos.

    Nos sonreímos mirándonos a los ojos.
    Éramos una, una sola alma
    alojada en nuestros dos cuerpos
    mirándose así misma en los ojos de la otra.

    Allí nació mi amor
    por mi pueblo hermano.

    Así es, empecé con la navidad,
    pagana celebración,
    mencioné el nacimiento del Cristo amado
    para terminar con el Amor
    por mi pueblo araucano.

    Otro día les contaré
    acerca de otro encuentro
    con nuestro pueblo originario.

    Liliana Blotta
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso

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    Fecha de inscripción : 10/12/2009

    Re: Una Ardilla

    Mensaje por Liliana Blotta el Jue Dic 10, 2009 10:07 pm

    "Allí nació mi amor
    por mi pueblo hermano.

    Así es, empecé con la navidad,
    pagana celebración,
    mencioné el nacimiento del Cristo amado
    para terminar con el Amor
    por mi pueblo araucano."

    Cuántos recuerdos Myriam, y qué bello final para tu historia, y para tus versos. ¡¡¡Un abrazo!!!

    Myriam Angelica
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso
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    Una Ardilla

    Mensaje por Myriam Angelica el Jue Dic 10, 2009 10:12 pm

    Liliana, muchas gracias por tus amables palabras, saludos y un abrazo.

    Carmen Gutiérrez Tamayo
    moderador de café poético
    moderador de café poético

    Femenino Mensajes : 382
    Fecha de inscripción : 11/12/2009
    Localización : Principat d'Andorra

    Re: Una Ardilla

    Mensaje por Carmen Gutiérrez Tamayo el Miér Dic 16, 2009 5:56 am

    Lo has llevado como si de un cuento se tratará, dejando bellas imagenes de recuerdos nostálgicos.

    Besos
    Carmen

    Myriam Angelica
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso
    Poeta Autor - Odisea De Un Verso

    Femenino Mensajes : 97
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    Re: Una Ardilla

    Mensaje por Myriam Angelica el Miér Dic 16, 2009 6:29 am

    Carmen Gutiérrez Tamayo escribió:Lo has llevado como si de un cuento se tratará, dejando bellas imagenes de recuerdos nostálgicos.

    Besos
    Carmen

    A mi me impresionò mucho ese poema de Ruèn Dario, A Margarita Debayle, que mi tìa me contaba como si fuese un cuento. No hay comparaciòn por supuesto, pero es un estilo de hacer poesìa que me marcò desde muy pequeña.

    Muchas gracias por pasar a leer y comentar. Saludos por estas festividades. Carmen.

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    Re: Una Ardilla

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