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    El hombre acuchillado

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    Oscar64
    Poeta Gran Master II - Propietario y Miembro Del Jurado
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    Masculino Mensajes : 8252
    Fecha de inscripción : 22/05/2010
    Localización : Santiago de Chile

    El hombre acuchillado

    Mensaje por Oscar64 el Lun Mar 09, 2015 9:12 am

    El hombre acuchillado

    El hombre acuchillado caminaba
    con su cuchillo a cuestas, con su sangre,
    cumpliendo sus labores como siempre,
    sonriendo a todo a aquel que lo veía.
    Y es claro, aunque la herida le dolía,
    no pudo, por herido, detenerse,
    había que ganar el pan escaso,
    había que llevar dinero a casa,
    había que decir lo que se piensa,
    había que vivir como otros tantos.
    El hombre acuchillado lo sabía,
    por eso es que sin quejas, tras vestirse,
    tras tomarse su té en el desayuno,
    salía a cada calle de su aldea,
    tomaba micro y metro a su trabajo,
    abría un diario viejo y se informaba
    de los chismes de ayer, del todo inútiles,
    pero escritos con grandes titulares.
    El hombre se sentaba en su oficina,
    o acaso era un taller en algún barrio,
    un puesto en el mercado, en una feria,
    o en plena plaza, donde había gente
    que siempre lo miraba y se reía,
    que siempre lo ignoraba y se reía,
    que siempre simplemente se reía,
    como si nada serio sucediera.
    Y es que también el hombre se reía,
    no a solas, no de alguno, no de nadie,
    tan sólo por seguir, por estar vivo,
    haciendo equilibrarse su cuchillo,
    clavado en plena carne del costado.
    El hombre acuchillado sonreía
    y nada parecía detenerlo,
    honrado a más no dar, sencillo, simple,
    con su trabajo hacía lo imposible
    por mantener su hogar, sus pocos hijos
    y su pequeña casa, hecha de adobes.
    El hombre acuchillado regresaba,
    seguía por su sangre su camino,
    un día por el parque iban las gotas
    y en otro por las viejas alamedas,
    seguía aquel reguero inmarcesible,
    llegaba siempre a casa al dar las nueve,
    besaba a cada niño, a su señora,
    cambiaba su camisa por pijama
    y daba las buenas noches a la luna
    y a cada estrella apenas asomada.
    Así hasta que caía bien dormido,
    la sangre ya reseca sobre el cuerpo,
    la herida apenas roja en su epidermis,
    la vida apenas quieta en su silencio.
    El hombre acuchillado hoy no despierta,
    alguien sacó el cuchillo y las ciudades
    jamás sabrán qué hacer con tal desgracia.

    http://fuerteyfeliz.bligoo.cl/

    09 03 15

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