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    Estremecida la noche (parte 2)

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    caminandobajolalluvia
    moderador de café poético
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    Masculino Mensajes : 7685
    Fecha de inscripción : 19/12/2009
    Localización : Buenos Aires, Argentina
    Humor : Muy gracioso en ocasiones súbitas, je

    Estremecida la noche (parte 2)

    Mensaje por caminandobajolalluvia el Lun Ene 28, 2013 1:22 pm

    Nace descubierto el abanico de lluvia,
    por tu sonrisa la siembra cosechó madrigales.
    Por tu sonrisa el viento me llevó a tu mirada,
    y de tus alas de siembra se vistió mi poesía.
    Tu rostro como una esfera de nieve
    clamó a la luna su claridad vestida,
    canté un himno en la noche
    a tus pequeños pasos,
    de ti la lluvia hoy se parece a tu nombre.
    Vestida única en mi solitario recuerdo
    tu nieve resguarda mi pasión soñadora,
    y de ti las campanas del alba
    hacen visible
    el esfuerzo
    de nacer en las alas
    de la libre espera.
    Tu nieve desboca el rostro del crepúsculo.
    Eres un beso tibio en el buffet del otoño.
    Tus alas
    remontan el vacío
    de la pasada sombra.
    Un cielo de tiza navega en tu canto.

    Como una barrera de sal
    mi mirada se atormenta y desvanece,
    midiendo la sombra
    y el doblegar de los álamos al cielo;
    tú respiras en la nieve de los bosques
    del alba sedienta,
    navegando tras las huellas del navío de luto,
    y es en sombras que tu proeza se aviva.
    Buscando las sombras los haces de luz
    procrean el silencio,
    desvistes las nubes
    y los álabes del sol, radiante
    esfinge de soberano abismo,
    plenitud rozagante por los caminos de luto
    presagia la aurora de tu corazón en sombra.
    Huellas que permanecen
    en su distancia medidas
    hilvanando el silencio
    en descubiertas sustancias;
    paces el camino de tu caravana de nubes,
    descubriendo el aroma del latido del alba.
    Impronta de silencio,
    mi corazón despierta
    y se estrecha en tu cauce
    con volador aprecio,
    nacen tus alas humildes
    que respiran el viento.
    La caravana de nieve esgrime sus ruedas
    en el sollozo único.
    Las hondas divisas de las laderas ausentes
    nacen en la cumbre
    de su manantial
    remoto.
    Anhelas la fragua, el hilo, el fuego dorado
    biselar el nido de los astros confusos.
    Despierta,
    tu voz amanece el pasado,
    recubre sus alas con olas de angustia,
    estrecha su medido cauce,
    desvistiendo el alba
    de un corazón en fuga.

    Comienza la lejana esgrimida lentitud
    con que los álamos inundan el silencio,
    estrépito tenaz de boca abierta,
    la lozana medida de su corazón abierto.
    Encuentras en tu voz la paciente soledad,
    esquina sin nombre,
    vacío resplandor de humareda latiendo,
    escapas a mi voz, ojos danzantes sobre
    la hierba húmeda,
    tierra que gime, y anda, y germina.
    Canto que se lleva el abovedado invierno,
    paces el augurio de tus vértices, tu nacimiento
    solo,
    tu ancho sigilo escucha mis pisadas,
    abres el ocaso de tu voz serena.
    Descubres el aroma de la tarde,
    amanecida de silencio en la lentitud de la
    mirada,
    estremeces la huella que silba y descubre,
    navega horizontes bajo el capullo
    del alba.
    Beso en la mañana
    tu cintura de nieve,
    esbelto trazo que profana
    mi silencio ingrávido.
    Alas de buzo,
    níveas elocuencias de paloma,
    nacen en tus manos
    como palabras voladoras.
    Tu fragancia es de pino,
    sobre mi carpintería fresca,
    barnizas sobre mi costado
    el ocaso que devuelve al día.
    Beso tus alas,
    vuelo en ti
    naciendo en tu figura;
    me remontas en tus labios
    como una cenicienta que lava
    su perfume,
    como un ave taciturna
    que desgrana y puebla
    en el lago
    de tus ojos húmedos.
    Labran la noche
    y esperan la lozana penumbra de sus alas.
    De nuevo el tiempo atesoró sus penas en su abrigo.
    Descubres el plano resplandor del ocaso
    en tu mirada,
    el vértice del plano renueva su hermosura
    de gorjeo,
    desliza su canto en noche alada,
    sustituye los versos del nutrido aroma
    que resguarda tu beso.
    En la nívea altitud de tu silencio
    la humareda de socorro se descubre
    en mi desvelo de guitarra,
    y tu canto niega el hálito terrestre
    que separa la rosa de tu nombre dibujado.

    Es casi al alba
    el llamado de la noche
    justificando su armonía
    con una suave plegaria,
    en el robado intento
    de enamorar aventajados
    ápices
    del cielo.

    Es casi el llamado de la noche
    la distancia
    que equipara mi voz
    con la de aves,
    sustituyendo un equinoccio pleno
    de silencio
    en el cajón que luciérnagas evocan.

    Una distancia, entonces
    un rubor de plenilunio,
    una nodriza en la alcoba de tus alas,
    una indebida y uniforme estela
    en el manto de la luna,
    arremeten con la ciénaga
    y quebranto de las olas.

    Las estrellas que en tu rostro son espejo
    demoran y arrebatan mi cautela,
    y en el resguardo eficaz
    de tu retrato
    luz
    a luz
    con el sonido de mi sombra
    te desvelo.



    De tus labios
    dio comienzo la mañana
    rebozando el rubor que en ti se enjuta,
    y prominente el beso de los álamos
    cobró en ti
    el agua
    que desboca mi armadura.

    Arremolinas el tiempo con tu pasión de nube,
    distando del vuelo de tu sagaz ausencia,
    por el cristal de mis ojos, la neblina es el espejo de tus labios
    beso tu bruma, tu suspirado latido.

    Y he venido desde tan lejos
    a pronunciar el viento sobre tus velas oceánicas
    a morder tu pecho de algarabía fecunda,
    un canasto de ciruelas dulces
    besa el ocaso de tu lengua agria.

    Y desvisto la nieve que ocupa tu mirada
    sobre el soplido del ángel que nace en el niño.
    Respondo a la aurora de tu beso de nieve
    sobre el ocaso dulce de tu pena sombría.

    Mi mano es un espejo en tu mano desnuda,
    describes el crepúsculo con tu fuego desnudo,
    canta, y en la honda paz de tu ventana dorada
    besas el aliento del sol en mis labios de plata.

    La paz que enhebra el viento
    sobre su cauce dormido
    da vueltas en mis alas
    como un rodillo de trigo.

    Besa el viento las ventanas cerradas,
    y silba el cántaro de cobre
    sobre la huella del crepúsculo.

    Las alas de tu cauce de preludio de nieve
    nacen sobre el alba de la primera estrella.
    Desborda el oleaje de un navío incierto
    su audaz copla de marino errante.

    Tu rostro de música cantó dos estrellas
    de nívea templanza doloridas,
    y vertió la luz que abriga mi alma
    como un faro desvistiendo un vendaval.

    Boca triste
    y tu boca angosta
    derriba su horizonte de boca
    y la desviste,

    sereno cauce
    donde mi voz provoca
    la vertiente de tu boca.

    Boca y ya la luz
    del alba
    estrecha la cornisa
    del áurea de tu boca,

    nace de tu boca
    el firmamento celeste
    y la blancura es nieve
    en la sonrisa
    de tu boca.

    Boca roja,
    púrpura llamarada
    enloquecida,
    reviste de silencio
    mi boca angosta,
    derribas la pared
    que construyes
    con tu boca.

    Boca
    y por fin
    tu boca
    enhebra los rayos
    de luna
    que dispersa la distancia
    de tu boca.

    Y besarte
    es un nido
    de dos bocas.

    Desliz de boca clara,
    rosa, crepúsculo,
    vertido has tu nieve de silencio.

      Fecha y hora actual: Jue Dic 08, 2016 2:58 am