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    MÁS TURBADO EL RECUERDO.-

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    Hoz Leudnadez

    Masculino Mensajes : 361
    Fecha de inscripción : 13/07/2011
    Localización : El Mictlan México más exacto en sus pulcatas, guarras y en el venéreo amor... y en sus otros juegos de azar. Porque yo fumo, escribo, bebo, amo y hago otras cosas peores
    Humor : a pez

    MÁS TURBADO EL RECUERDO.-

    Mensaje por Hoz Leudnadez el Mar Ene 03, 2012 12:45 am

    Llegué a casa después de más de seis meses de andar vagando por el país sin destino, con muy pocos puntos de partida, pero sí muchos entronques para tener la meta quebrada. Lo primero que encontré al regresar fue, aquel vestido que dejaste hecho bola en el sanitario, el día en que te dejaste de mí, para solo dejarme a mí, sin mí y sin ti. Era ese de marca excéntrica e impronunciable, hecho para la gente excéntrica aristócrata con sus apellidos de abolengo de pronunciación imposible que, de seguro valdrá mucho más que mi cuerpo, que mi alma, y que está alejado de mi lengua a millones de años luz, que por eso intuyo que le es imposible para mi sencilla mortalidad aprender a pronunciarlo con propiedad. Las palabras olímpicas, supongo que siempre serán afásicas, para alguien que está fuera del monopolio del Cielo inc. ¿Por qué habrá sido que lo arrojaste como quien tiene un hijo con el equivocado y lo abandona al pórtico de la iglesia? Digo, lo arrojaste en el baño y por eso cito aquello eclesiástico, porque para mí el toilette, es como un confesionario pero con mucha más fe y de garantizada seguridad ya que ahí, el pecado sí es expulsado –a la fuerza pero de que sale, sale– evitando exorcismos, y esos monólogos de tres horas con sus cuotas provisionales para llenar la charola y mantener el estatus del; heaven on wall street, con su ya más que conocido lavado de cerebro, de ese de que según el diezmo del 101% es para que ya dado el tiempo de nuestra ascensión, todo lo invertido nos sirva allá arriba como aleluyolares, como si eso fuese cierto, todos estamos condenados a ser esclavos en los campos de brócoli allá arriba, en fin. El vestido, el vestido lo arrojaste como un Dios que avienta a un hombre caliente a un jardín en compañía de una mujer desnuda, con nada más que hojas cubriéndole sus puertas, peor aún, un hombre como yo; kinky, y una mujer como tú; blowjob expert. De aquí a que surja en mí la necesidad de pensar que Dios es hembra, porque si Dios, en primera existiera, y fuese no sé, una entidad de luz con pene, no haría ciertas cosas por comparsa y entendimiento entre varones, pero no cabe ya la duda en que es no sé, sea una entidad de luz con vagina. ¿O de qué otra forma explicar que Dios castigó al hombre; poniéndolo en manos de una mujer? A menos que siendo la luz con pene esté resentido para con su madre, o con su novia pero no, ¿qué Dios varón le haría semejante atrocidad a un camarada? ¡Claro que tiene qué ser hembra para ponerse del lado de su sexo! Yo sé que pensarás que solo busco pelea, pero no, tú y Dios, siempre serán enemigos míos si alguna vez rezaste o te encomendaste, ¡sí! cuatro tetas en contra de un cerebro, no se me hace justo, y más sabiendo que el mío está muerto por pensar tanto en sostenes. Pero regresando a lo nuestro; ¿por qué habrá sido que lo dejaste ahí? no lo recuerdo del todo, pero, ¿sabes qué? ¿te lo digo? ¡jajá! Pues sí, me lo puse, y me sentí cálido, además de que me queda a la perfección, sé que dirás que estoy enfermo, que soy un idiota, pero, ¿quién no se pone las bragas de sus amantes?, aquellas que por la prisa las dejan a la deriva, porque saben que llevarlas de nuevo consigo, es tener impregnado el olor de alguien a quien jamás debieron conocer, ni saberle la desnudez por culpa y presentación del señor alcohol. Si me he puesto las bragas, ¿qué no me ponga un vestido? Y luego uno de aquellas a las que les parecías en la reunión y entre la juerga como el ¡clip clap King! en el ¡rim ram room! y no más te vieron sin el stiletto encima una vez estando en la alcoba, les pareciste solo el ¡bíbidi-bábidi niaj! Ropajes que se deslizan y se van apilando en el taburete del dizque “fornicador de élite” porque parecías ser el ávido alquimista mágico, capaz de abrir cualquier sésamo, pero en el caer de capas solo eras como; ¡un abra cadáver! ¡un buu! o un terrible espanto porque salían horrorizadas, corriendo y creyendo que eres tan atractivo, como un sarcófago abierto, en su huída, lo de menos era volver a vestirse, su legado de imposibles era lo importante, era eso, bueno también el que éstas mujeres siempre tuvieron alguien que les comprara ropa, seguro su esposo, su prometido o cualquiera con quien se presenten inmaculadas. Aunque en realidad sí se quedan por su dotación de “la barita mágica” pero excusando que todo fue fingido y que nunca más pasará, y para que no le de cáncer o se le pudra la fruta, dejan ahí sus ropajes livianos, para borrar cualquier rastro del posible rostro de oportunidades invisibles e improbables que podría tener un vagabundo hombrezuelo de los suburbios al lado de un espécimen límpido, níveo y nítido, una semi-Diosa, la del linaje de oro, la última descendiente rubia oxigenada vegetariana, del primero que fundó y mató a un dragón para comerlo y bañarse con su sangre. Yo en realidad no sé porqué habrán dejado sus cosas sin que les doliera un recuerdo, o el bolcillo, bueno también sabes que yo no juzgo lo acarreado que debe ser el día de mañana en el que se tenga que llevar a los niños al catecismo, ir de compras al mercado, tener la ropa limpia para el marido, yo, las bragas, me las pongo para tener el póstumo orgasmo, limpiarme y cuando las vea en la calle decirles;
    –Toma, te debo esto muchas gracias –soy un caballero, ante todo, soy un caballero.
    La mayoría de jeans que tengo, son de las chicas que vienen a jugar a las cebollitas conmigo, vamos, nunca te quejaste cuando con gusto viniste a recoger el de tu prima, claro, dejando algo a cambio. Quiero que sepas que, este vestido me queda de lo mejor, ¡me queda de lo mejor!, ¡me siento como tú! es más; ¡creo ser tú! Quiero que sepas que hasta me silbaron en la calle cuando fui por cervezas para celebrar mi regreso a esta soledad, a este encierro, a vivir quizás mi final; ahora, ahora que vuelvo a regresar a este lúgubre estado, en donde sigo siendo el mismo de antes, agazapado entre los rostros del pasado funesto que se lamentan en las paredes, donde mis nombres gritan tus nombres y están enterrados entre las sábanas viejas, donde las identidades y suspiros yacen en el polvo del espejo que se niega a decirme cómo soy, que se niega a mostrarme en qué cicatriz se ha tornado mi cara después de tu partida, de tu precipitado escape que, precipitadamente me precipitó a escapar de mí a mí también. El espejo que igualmente se niega a dejarme traspasar la bruma para reflejarme ahí, es quizá por temor a romperse, me indica que no hay indicio de nada. Y me no miro; en el espejo con tu sí vestido, pensando en que solo regresé a la tierra de los poemarios muertos, de las letras que aún sin tiempo; me piden una lectura más, pero no para que se suscite una última oportunidad, porque solo quieren leerse para hacerme ver que los fantasmas existen y se arrastran página tras página al limbo de mis manos, situadas en medio del cielo y el purgatorio, jamás en el infierno, porque desconocen de genialidad. Y se me viene a la mente ese grito monótono, ese grito como rito que enerva la sangre, con tus reclamos y celos, y yo que regreso a este cuarto impregnado de tus malas intenciones que quizás y todas, se materializaron en una prenda tejida por Dios –que insisto aún más, con más bases… es mujer– y que es este vestido rojo, todo ese escarnio dispuesto a financiarse en mercados de lujo, tan solo para que siga habiendo guerra, y no cese el fuego entre los sexos. ¿Qué serán de las razones de tus celos? ¿Qué serán de todos los demás poemas? Porque ésta también es la tierra de tus enemigas o tus no sé qué. ¿Qué será de las Sirenas; que arrean lejos? ¿Qué será de la tierra de las Ninfas; que engordan en vanidad insípida? ¿Qué será de la tierra de las Señoras Muertes; que jamás podrán concretarse como mías? Peor aún; ¿qué estaré haciendo tan alejado del cielo? enclaustrado en esta, la tierra donde los Ángeles se niegan a volar sobre mi ventana, donde los Ángeles evaden las masetas de mi balcón para alegrarle los días turbios a mi pluma con sus colores, a la tierra donde los Ángeles se concentran en mis párpados con feroces ensueños que ofrecen al rugir de la cama tendida sobre el suelo, miles de disturbios que promulgan mis gritos despavoridos al despertar a cada madrugada vociferando la ausencia, empapado en sudor, con la cólera en mil fugas y la almohada retorciéndose en recuerdos, que ahogada de piedad me perdona los miedos y al final me deja dormir y conciliar tus resplandores, o me desmaya, para recapacitar sobre mis errores. En ésta tierra donde los Ángeles no dejan desprender ni un racimo de plumas como flores alegóricas que mengüen el perfume de los sacrilegios, sin acordes, con arpegios, sin dioses, pero con demonios, que hagan colgar los hábitos al poeta transeúnte al celibato de cordura. Qué horrible pensarte, soñarte en esos caminos dolosos sin tener esperanza de encontrarte, qué desgracia el saber que no me esperas en ningún lado. En esta tierra dónde el tenerte, al final; es fusilar en la horca a las letras que te llaman agonizantes… en el tendedero repleto de poemas con tu rostro. Y no creas que recito esto de mala gana por pensar en aquella que vuela, y no en ti, pero doloso por tu ausencia, no lo pienses así nada más porque lo estoy haciendo con un tonito melancólico como reclamo, no sé ni porqué lo hago así, yo no soy así, te digo que es este vestido que se transmuta en millones de gestos que enmarcaste entre sus caras hebras, y ese tono chillón de melancolía no, no nada tiene que ver, quizás solo el que lo diga con tu vestido puesto, pero nada tienen que ver estas lágrimas, y el que me reconforte sentirme linda y frágil… nada, ¡nada carajo! ¿eh? ¿linda y frágil? Pero ahora, con este vestido como testigo, me abandonaré de lo que fui, y sin un rencor de más me abrazaré a tus ausencias para tramar el análisis esencial de algún mal recuerdo que embiste tus embustes maldito borracho… no espera, no yo, no va por mí, va por ti, maldita embustera. Quiero que sepas que, me sentí virgen, hermosa, e incluso delicada porque estuve escogiendo con qué me combinaba mejor, no supe elegir bien y me quede con los tenis converse negros, para si quiera tener un cacho de hombría y no estar vulnerable, me robé las pantaletas de la vecina y me puse este maldito, este maldito vestido, con su rojo profundo, es como si yo fuese solo una vena y su escarlata néctar saliera a borbotones y me vistiera de pasión suicida. Es rojo y por supuesto, es el mejor contraste con mis tenis de trotamundos que apestan a las rutas frías, al sleeping robado, a los camiones con olor a culo y tristeza, y, ahora sí mirándome al espejo empecé a sentirme sola, y solo pero, bueno, ambos pero es el motivo por el cual es bueno usar este vestido, me miro al espejo, y me imagino que soy tú, alegre por mi regreso, soltándome el cabello para complacerme el capricho de aprisionar mis manos con tus caireles rojizos con los que tanto pensaba, dejando de lado el maquillaje superficial para tenerme y tenerte con la clara piel desnuda, con tus ojos verdes que encarnan en mis ojos claros, te veo, me veo, te imagino, me imagino ser tú con la enjundia que jamás tuviste, sin el candado eterno de tus murallas impenetrables que ignoraban que entre nosotros, la prudencia no podía existir por tanto distanciamiento de ideas que, cada que nos teníamos, esa prudencia se deformaba a una pasión desenfrenada, me siento tú, pero con unas ganas inmensas de que me hagas tuya, o me haga yo mismo mío, hasta finjo con un trino de voz muy finito y excitado, que yo mismo me empiezo a susurrar el clamor;
    –Ahora sí, no te patearé cuando me lo hagas por detrás.
    Empiezo a maquillar mis labios de labial rojo, para emular ese truquito que solo tú sabes hacer con la lengua, y me hablo, hasta me clamo un poema fingiendo la alegre compañía de tu recuerdo;

    “¡Oh! clamores
    estas finitas
    losas que se labran sin logro
    arriba como las gotitas
    de lágrimas
    aunque no sepas que lloro
    te fuiste; indagando en quien sabe cuántos vientres
    bardo; que se masturba entre claveles
    bestia incompleta que asfixia las esperanzas
    de encontrarte donde sea
    de añorarte en esas andanzas donde salgo de noche
    mal vestida, esperando que por gusto:
    alguien me proponga
    me intente,
    me compre la boca,
    las piernas,
    las nalgas,
    el alma… lo que sea
    ¿qué no alardeas con orgullo que te gustan las putas?
    goliardo; tus mentiras hieren
    porque sé también
    y lamentablemente te clamo sincera
    que me matas porque son mentiras… mentiras verdaderas.”

    Qué lástima, y me desplomo masturbando al recuerdo, ese que nunca volverá, me fijo en la parte frontal del vestido de noche y le encuentro una mancha reseca y sin sazón ¿qué será? ¡Jajá! y de la nada y aunque tenga el vestido, regresa mi hombría y me echo a reír con carcajadas por esa mancha de semen, esa que rebasó las expectativas llegando hasta dentro del poro, esa que aludió al edénico día cuando conocí la habilidad de tus labios, fue en la noche de galería, en tu faceta de pintora, donde tus cuadros expresionistas, daban de qué hablar, bueno, daban de qué hablar porque les había puesto yo un poema en el pie del nombre de la obra, dieron de qué hablar porque no eran más que groserías… sí, ya me acordé; “A que me lo pintas y a que te lo describo” era el proyecto donde se unían tu virtuosismo con el pincel, y mi bestialismo con las letras. Recuerdo que dijiste;
    –Avísame cuando vayas a terminar, no quiero que me manches.
    Ese día; conocí ciertamente el cielo, que hasta se me olvidó que estábamos de prisas y a punto de salir, se me olvidó que habías ahorrado durante meses por ese pedazo de tela y siento el calor del vestido, y disfruto sus pliegues y me digo a mí mismo; ¿cómo pude hacer semejante estupidez? ¿en qué estaba pensando? Se me olvidó que la artista eras tú, que la que estaba marcando la vanguardia eras tú y nada más tú, todo se me olvidó, como que solo yo te sentía y tú a mí no, pero ahora con este vestido puesto, trayéndolo conmigo siento esa ausencia de sentirte completa engalanando tu entrega con este atuendo que complementaría tu gloria, ahora no sé quien sentía más, si siento siendo tú, el vacío de tu boca con mis sabores sulfúricos, y puedo entender la repulsión de mi propia urgencia. Quizás hablo por los dos y nuestras voces a coro y en silencio susurraban; solo yo te sento y tú a mí no. Tal vez fue por eso que no pudiste imaginar que casi explotaba, yo con este vestido, ahora entiendo que no pudiste adivinar el instante porque no estábamos conectados mutuamente, además de que yo, no puedo hablar en esos momentos tan súbitos ¿cómo hablar cuando uno vuela? Sí, sí, fue por eyacular en tu hermosísimo vestido de noche; y la hombría de mis tenis sucios te pide; un perdón. Y sí fue por eyacular en mi hermosísimo vestido de noche; y la femineidad rota de tu atuendo caro me grita; un idiota. Pero yo, ambos; bebíamos, fumábamos, amábamos y hacíamos otras cosas peores. Recuerdo que te dije;
    –Lo limpiaré– pero no escuché nada de tu parte.
    La mancha se quedó en el pecho, donde se unen unos lazos en forma de flor que lo hacen tan peculiar, renegaste como si te hubieran vertido insecticida en el vientre, como si de verdad entendieses a Gregorio y a Kafka, como quién escupe la sangre de Cristo, como si supieras de libertad… Y ahora que lo traigo puesto, ese vestido hace que me arda el abdomen, hace que me sienta más solo que Gregorio, hace que me sienta que yo soy peor que su familia que lo abandona por una metamorfosis que no entiende, hace que me cohíba como el viejo Kafka y hace que me sienta que soy yo, no menos que el yugo de su padre. ¿Cristo? si existió fue hombre y no sabe de partos arcaicos sin morfina. ¿Libertad? ¿Qué es la libertado si solo tengo un ala, y la otra está en la tierra pidiendo boca en lugar de viento? y quizás estas cuestiones son las que pasaban por tu mente. ¡Oye! pero nada tiene que ver contigo, ni conmigo, ni con que traiga este vestido, ni con que me vea linda o sea un patán, nada tiene que ver esto, que me ponga tu vestido, que me pinte los labios y que salga a la calle, esperando a encontrarme a mí mismo pidiendo locura en cualquier esquina, encontrarme a mí mismo cayéndome de borracho en las aceras buscando a otra parecida a ti con el mismo atuendo. Encontrándome a mí mismo, con el asqueroso poema que rompiste en la gala de la presentación, con la mirada rota que me plantaste en la sien cuando me disparaste a quemarropa el: – ¡Tú no eres un poeta!
    Créeme, esto no es por ti, quizás ni por mí, es por ambos, es por la coherencia y por la fuga de realidades y malformaciones del porqué todo en mi mundo huyendo se pudrió y mi mundo sin ti se pudrirá y tu mundo conmigo se quedó podrido. Es por eso que me estoy buscando entre los callejones vestido como tú, con la esperanza de en verdad verme trazado en el umbral de un tiempo detenido donde me encuentre a tope, lleno, y volando como te dije, porque quiero quedarme con un buen recuerdo tuyo, y con un buen tino mío, quiero actuar siendo tú, con todo y pantaletas, con todo y apellidos para esta vez sí abrir bien la boca y atinarle, y cagarme a palos si termino en el pecho de tu vestido, no quiero cometer el mismo error ahora sí quiero dejar grabado mi esencia en tu corazón de otra forma, y así regresar el tiempo, porque ahora, aquí, en la calle portando tu vestido como féretro de gala, siento como tú sentías que yo, solo quería unas noches de líquido, y no me siento ni tu hombre, ni mi hembra… me siento solamente otro fantasma más, que solo vive en el recuerdo. Lo más terrible no es que me acompañe tu ausencia, el horror es saber que me desacompaña el no saber… ahora quien soy. ¿Cómo es un hombre que no entiende que el travestismo está más allá del fetichismo? ¿Cómo es una mujer que no sabe que el ponerme sus ropas, es tan solo para entender su posición? ¿Cómo es un poeta de terco? que no sabe que no importan las letras, lo único que tenía qué hacer era vestirse como ella, para saber cómo ser él y complacerla.

    beatriz irene bardeci
    Poeta Gran Master - Miembro Del Jurado
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    Humor : en general bueno...

    Re: MÁS TURBADO EL RECUERDO.-

    Mensaje por beatriz irene bardeci el Mar Ene 24, 2012 10:48 am

    Muy buen relato Hoz. Muchas reflexiones. Besos BETT

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